Jefferson, los impuestos y la competitividad
Uno puede preguntarse (seguramente Ud y yo lo hemos hecho): ¿Está bien que los deportistas ganen tanto dinero en un país -pobre- como el Ecuador? Sin duda, este es un asunto que se puede discutir desde varios puntos de vista. Veamos uno de ellos.
Jefferson, los impuestos y la competitividad
Jefferson Perez, es probablemente el mejor deportista ecuatoriano de todos los tiempos. Ha demostrado tener condiciones excepcionales no solo en el lado deportivo, sino también en lo humano. Gracias a su destacada participación en varias competencias mundiales ha logrado aumentar su nivel de ingresos lo cual -seguramente- le permite vivir con mayor holgura que antes. El caso de Jefferson no es el único. Están también, por ejemplo, los futbolistas de la selección ecuatoriana, quienes han logrado clasificar dos veces consecutivas al mundial, y con ello han recibido importantes gratificaciones económicas. Y la lista podría seguir con otros ejemplos…
Uno puede preguntarse (seguramente Ud y Yo lo hemos hecho): ¿Está bien que los deportistas ganen tanto dinero en un país -pobre- como el Ecuador? Sin duda, este es un asunto que se puede discutir desde varios puntos de vista, pero concentrémonos en lo económico.
Al igual que cualquier otro bien o servicio que se intercambie en el mercado, los servicios que prestan los deportistas están sujetos a la oferta y la demanda. Es correcto decir, por ejemplo que los deportistas con talento son, en sí mismo, un “bien” escaso. Si esto no fuera así, estaríamos cubiertos de medallas de oro, y hubiéramos sido campeones del mundo hace rato. Entonces, como todo bien escaso, un deportista como Jefferson Perez, será más cotizado, su “valor” en el mercado sube, y por tanto puede esperar recibir mayores ingresos. Pero todavía no logramos responder a nuestra pregunta: ¿Está bien que Jefferson gane “tanto” dinero?
Según el razonamiento anterior la respuesta es SÍ, porque su excepcional talento, hace que las personas quieran seguir paso a paso sus carreras, lo cual genera un gran movimiento de dinero alrededor de él: camisetas, publicidades, derechos televisivos, etc… OK, estamos claros entonces: Jefferson se merece ese dinero porque es fruto de su esfuerzo, y porque los ecuatorianos estamos dispuestos a comprarle lo que vende: triunfo, optimismo e incluso reconocimiento internacional del Ecuador (marca país).
Pero profundicemos la pregunta. ¿Es “justo” que gane “tanto”? Ese es un cuestionamiento relevante, porque muchos podemos estar tentados a pensar que la alegría que nos brinda Jefferson con cada triunfo no es suficiente recompensa y que por lo tanto debería entregar parte de sus ganancias a la sociedad. (Dejemos por un momento de lado el hecho de que Jefferson, al igual que muchos otros deportistas que han logrado dejar atrás un pasado de pobreza, hacen importantes donaciones en efectivo para la comunidad, pues ese punto no es relevante para el análisis que estamos proponiendo aquí). Eso sería socialmente justo y sería una redistribución adecuada de la riqueza. ¿No es así?
En lo más mínimo. Si bien todos ansiamos un país donde haya una mayor equidad, esa no es la solución. Sigamos con el tema de Jefferson. Supongamos que para volver más “justa” a esta situación, el Gobierno o el Comité Olímpico o quién sea, decide cobrar un impuesto adicional por cada carrera en la que Jefferson triunfe, es decir llegue primero. Eso permitiría descontar algo del dinero que va al bolsillo del deportista, y la situación sería más justa. ¿Justa? ¿Para quién? Ciertamente no para Jefferson, quién tendría ahora que hacer el mismo esfuerzo que antes, pero para recibir una menor retribución por ese esfuerzo. Y en un caso extremo, este impuesto puede resultar tan desalentador para Jefferson que posiblemente su rendimiento se vería afectado, llevando a que no esté motivado a ganar carreras, lo que claramente sería una mala situación para todos: El Gobierno no recauda su impuesto, los fanáticos no se regocijan con el triunfo, y Jefferson baja su nivel competitivo.
Seguro, usted estará pensado que Jefferson no compite ni trata de ganar carreras por el dinero. Ciertamente eso es así, y de hecho es posible que las motivaciones económicas de Jeff sean menos importantes que las motivaciones de transcender, de dejar huella, o de simplemente ser el mejor marchista del mundo. Pero a la larga con el impuesto imaginario que se le cobra por cada carrera ganada, nuestro deportista no tendría el mismo nivel de ingreso que antes, y estaría en clara desventaja con deportista de otros países, a quienes no se les cobra ese impuesto y por tanto pueden destinar más cantidad de dinero a su preparación física, a su entrenamiento, o a cualquier cosa que consideren necesaria. Incluso quitando la motivación económica de la ecuación, se puede ver por qué este impuesto que parecía tan lógico al inicio puede resultar contraproducente.
Hemos hablado de un caso imaginario, de impuestos y de deportes, ¿Le parece que esto tiene poco que ver con la economía? Veamos.
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