Metrópolis en crecimiento
Cada vez más los habitantes de este planeta prefieren vivir en las ciudades que en el campo. Los gobiernos diseñan las líneas generales de la globalización, y donde se nota de forma más aguda sus éxitos y fracasos es en las ciudades.
Metrópolis en crecimiento
Las urbes más grandes y más interconectadas del mundo contribuyen a establecer las prioridades mundiales, sortean los peligros transnacionales y son los centros de integración mundial. Se convierten en los motores del crecimiento de sus países y las puertas de entrada y salida de los recursos de sus regiones. En muchos aspectos, la historia de la globalización es la historia de la urbanización.
Entre 1950 y el año 2000, la población mundial tuvo un aumento de casi el 150%; y durante este período, la proporción de la población global que vivía en áreas urbanas aumentó de un 29% a un 47%. Actualmente, las estimaciones de las Naciones Unidas establecen que en los próximos 50 años la población crecerá en un 35% al pasar de 6,8 billones a 9,2 billones en el 2050, sin embargo, la población urbana alcanzará el 70%.
El aumento poblacional será mayor en las regiones en desarrollo, pues se estima un incremento de 40% para el 2050, mientras que en las regiones desarrolladas el aumento será mínimo y sobre todo debido a la migración que presentará un promedio anual de 2,4 millones de personas entre 2009 y 2050.
Aunque 84% de la población urbana mundial vive en ciudades de tamaño pequeño o intermedio, el resto vive en ciudades grandes o en “megaciudades” (10-20 millones de habitantes), que si bien han aumentado en número, aún no llegan a albergar al 5% de la población mundial. Es más impresionante el crecimiento que se observará en las “metaciudades”; pues mientras en 2005 sólo Tokio ya constaba en esta categoría; para 2025 ya 8 ciudades tendrán más de 20 millones de habitantes y dos de ellas pertenecen a Latinoamérica.
Cabe mencionar que América Latina cuenta con una de las tasas de población urbana más altas del planeta; por ejemplo, el 92 % de la población de Uruguay, el 91 % de Argentina y el 86% de Chile viven en áreas urbanas. Como promedio casi un 80% de los habitantes de toda la región vive en las ciudades. Actualmente en el Ecuador, el 67% de la población vive en zonas urbanas, para el 2025 será el 75% y en el 2050 será superior al 80%.
La urbanización se ha dado por tres vías. La más visible es la migración desde zonas rurales hacia zonas urbanas. En segundo lugar, un “aumento natural” de la población urbana; a nivel mundial la ONU estima que ese es el origen de 60% del crecimiento urbano. Y, por último, el crecimiento demográfico puede llevar a reclasificar una zona rural como urbana.
La urbanización es parte natural de la transición de la agricultura a la industria y los servicios, con el consecuente aumento de la productividad. Por ejemplo, al existir más oportunidades de división del trabajo (gracias a una mayor densidad demográfica y a la variedad laboral de la industria), hay más probabilidades de especialización intraindustrial. Las empresas pueden aprender más de sus competidores y de sus proveedores, y la proximidad a los mercados les permite adaptarse mejor a la demanda. Al reunir mucha formación y creatividad en un solo lugar, la ciudad funciona como una incubadora de ideas y tecnologías que aceleran el progreso económico del país.
Además, contribuye al desarrollo rural; pues por un lado, la gente que migra a la ciudad envía remesas a su familia en el campo y por otro, al haber escasez de mano de obra se genera un alza de los salarios. Notablemente, la urbanización parece estar más correlacionada con la disminución de la pobreza en el campo y en la ciudad.
Un estudio del Banco Mundial (2007), establece que la urbanización conduce a una disminución de la pobreza al promover el crecimiento económico. El análisis toma en cuenta las diferencias en el costo de vida urbano y rural, y confirma que la urbanización promueve la caída de las tasas de pobreza absoluta en zonas rurales y urbanas.
Las ciudades globales
Cabe preguntarnos, ¿qué es lo que hace una ciudad global? El término en sí evoca un centro de mando. Significa poder, sofisticación, riqueza e influencia. Es sugerir que las ideas y valores de una metrópolis influyen en el mundo. Y, en gran parte, es verdad.
Las ciudades que albergan los mayores mercados de capitales, las universidades de élite, las poblaciones más diversas y mejor educadas, las multinacionales más ricas y las organizaciones internacionales más poderosas se relacionan con el resto del mundo como ningún otro lugar. Son las que consiguen sacar provecho a la urbanización ofreciendo amplias oportunidades de integración mundial a sus habitantes; por ello, medir la presencia internacional de las ciudades permite capturar la imagen más exacta de cómo funciona el mundo.
El Índice de Ciudades Globales elaborado por Foreign Policy, A.T. Kearney y Chicago Council on Global Affairs, hace una clasificación exhaustiva de los aspectos en los que las ciudades se integran con el resto del mundo. Son 24 criterios repartidos en cinco dimensiones:
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Actividad económica: el valor de sus mercados de capitales, el número de sedes de empresas incluidas entre las Fortune Global 500 y el volumen de mercancías que circulan por la metrópoli.
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Capital humano: hasta qué punto atrae la ciudad a distintos grupos de personas y de talento.
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Intercambio de información: cómo se difunden las noticias y los datos por la ciudad y al resto del mundo. El número de redacciones extranjeras, la cantidad de noticias internacionales en los principales periódicos locales y el número de personas que tienen banda ancha.
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Experiencia cultural: el nivel de distintas atracciones para residentes y viajeros foráneos. En ella entran desde cuántos grandes acontecimientos deportivos acoge la ciudad hasta el número de teatros y salas de conciertos que tiene.
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Compromiso político: mide hasta qué punto una metrópoli influye en la política y el diálogo mundial. Para ello, examina el número de embajadas y consulados, think tanks, organizaciones internacionales.
¿Y cuál es la primera? Los resultados reflejan que no existe ninguna ciudad perfectamente globalizada; ninguna domina todas las dimensiones del índice. Este año, Nueva York ha quedado en el primer lugar, seguida de Londres, París y Tokio. La Gran Manzana ha derrotado a otros grandes centros, sobre todo, por sus mercados financieros, las redes de sus multinacionales y la fuerza de su clase creativa.
Londres, gana en la dimensión cultural, en la que París y Nueva York quedaron muy atrás. Si bien puede resultar extraño que una ciudad más conocida por sus museos que por sus módems, la capital de Francia, vence en la categoría de intercambio de información. La cuarta, Tokio, ocupa ese lugar gracias a su sólido comportamiento empresarial.
De las 60 ciudades incluidas en este índice, únicamente 6 son latinoamericanas, liderando el ranking México (25), seguido por Sao Paulo (31), Buenos Aires (33), Bogotá (43), Rio de Janeiro (47) y Caracas (51).
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